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“YO NO SOY HOMOFÓBICO, YO TOLERO, PERO..”

Esta entrada me ha costado más trabajo de lo normal. Los derechos de la comunidad LGBTI son de los que más me apasionan, como lo pudieron ver con el post “¿Saliendo del Closet?”. Me dolió profundamente la decisión de la Corte Constitucional Colombiana en la que se inhibió de decidir sobre la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Tengo tanto para decir y tanta tela para cortar que no sé por donde empezar.

En las últimas semanas he oído grandes frases como la de mi amiga María Antonia: “Mitos y leyendas colombianas: el Mohán, la Llorona, y el Estado laico …“. He leído posts de los que yo llamo “católicos incluyentes” como mi amiga Paula que defiende una versión del catolicismo que promueve el amor y la aceptación de los derechos de las familias de parejas del mismo sexo. He visto caricaturas en contra de la iglesia y sus curas. He leído columnas que defienden los derechos de los niños, a favor de la libertad de expresión y contra el periódico El Colombiano, a favor de estudios académicos rigurosos y contra la Universidad de la Sabana. He pensado en escribir algo sobre el atentado contra el Estado laico, pero no voy a escribir sobre eso. Hoy mi blog tiene que ver con una frase que para mí disfraza descarnadamente los prejuicios de algunos de los miembros de nuestra sociedad: “Yo no soy homofóbico, de hecho tolero que decidan llevar una vida diferente, pero otra cosa es a la hora de adoptar ¡Qué pesar de los niños!”.

Primero la frase empieza con el “yo no soy homofóbico pero…” Trata de mostrar que son progresistas. A estas alturas del paseo, después de que la homosexualidad dejó de clasificarse como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud hace una eternidad, que en muchos países se permite el matrimonio gay, y que desde “Modern Family” hasta “Will and Grace” muestran la vida de parejas gay sin ningún tabú, definirse abiertamente como homofóbico es absolutamente políticamente incorrecto. Sin embargo, el “pero” que le sigue es una condición. Una persona es o no es homofóbica. Uno no es homofóbico pero, porque esto quiere decir que existe una parte de la homofobia que no ha superado, que se somete a una condición.

Ahora, ¿Qué quiere decir ese “yo tolero”? Me hace pensar en las zonas de tolerancia en las ciudades; como espacios que sabemos que están ahí pero que no queremos ver. Hay una diferencia grande entre la tolerancia que se usa coloquialmente, que muchas veces es una discriminación disfrazada, y la tolerancia entendida como un valor democrático, que habla más de la inclusión. Me pregunto ¿Cuál es el significado de esa “tolerancia” coloquial cuando se reduce a mantener en la exclusión y ostracismo a quien piensa o actúa diferente? Es una tolerancia que al final es como “haz con tu vida privada lo que quieras, no te voy a meter a la cárcel ni a lincharte por ser gay, pero no lo hagas explícito. Ojalá que yo ni nadie a mi alrededor tenga que verte, ni oírte”. En últimas impone a la comunidad LGBTI una vida dentro del closet.

También me inquieta la parte de la frase sobre “¡Qué pesar de los niños!” y ahí hay varios prejuicios de fondo. El primero es que tener dos papás o dos mamás no te hace gay. Ser gay no es algo “que se pega”. Así como hay hijos de parejas heterosexuales que son gay, también hay hijos de parejas del mismo sexo que no lo son ¡No se pega porque no es una enfermedad, y mucho menos una enfermedad contagiosa!

A muchas personas homofóbicas les parece que el matoneo de hijos de parejas del mismo sexo está mal y hay que prevenirlo. En eso estamos de acuerdo. Con lo que no estoy de acuerdo es con el medio que se usa para evitar el matoneo: negarle una segunda oportunidad al 74% de los niños adoptables que en Colombia nunca serán adoptados, porque sufrirán matoneo en el colegio. Argumentar que la adopción no se puede permitir a parejas del mismo sexo porque los niños van a ser matoneados, suena igual de absurdo a decir que una mujer es culpable de que la violen porque se puso una minifalda a o un escote ¿Por qué no educamos a los “matones” y a los violadores, en lugar de imponerle la carga de la discriminación a la víctima? ¿Por qué no entendemos que un niño que crece en el ICBF va a tener opciones de vida muy limitadas, en contraste con un niño que es querido y deseado dentro de una familia que lo acoge y le da una segunda oportunidad?

En fin, a estas alturas sólo nos queda esperar que la Corte decida diferente los próximos casos. Lo que me preocupa en el fondo es que muchos sigan siendo homofóbicos disfrazados. Y repito, uno no es homofóbico pero, uno es o no es homofóbico. La tolerancia no se puede convertir en una palabra que signifique ostracismo ¿O es que acaso estaría bien decir “yo tolero a las mujeres pero que se queden en la casa?” Y por último, ojalá dejemos de usar a los niños como escudo para ocultar la fuerte discriminación que está debajo de nuestros propios prejuicios. Ellos serían los primeros beneficiados con una sociedad que más allá de tolerar, incluya, y con la adopción que les daría un verdadero hogar.

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