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MI EMPLEADA ES "COMO DE LA FAMILIA"


Hoy de nuevo me voy a salir de los esquemas de este blog y voy a publicar los apartes de uno de los discursos más emotivos que he tenido la oportunidad de oir. Este discurso es de Maria Roa Borja, presidenta del sindicato de empleadas del servicio doméstico de Medellín, quien el viernes pasado se enfrentó a un auditorio de personas de varias de las universidades más importantes de Estados Unidos, acostumbrado a las teorías, y nos dio una lección de humanidad increíble:


Muy buenos días, mi nombre es María Roa Borja. Soy la presidenta del sindicato UTRASD – Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico en Colombia. Además, soy mujer, soy mamá y abuela, soy pareja de mi pareja, soy ex trabajadora doméstica, soy empleada de una panadería, soy microempresaria, soy vecina de un barrio de Medellín, soy sindicalista, soy política, y desde todas estas facetas de mi vida, les hablo hoy.


[…] Les agradezco, sobre todo, haberse salido del molde, porque sé que no es lo común invitar a hablar a una persona como yo que aunque represento a cerca de 750.000 empleadas domésticas que hay en Colombia, no tengo título. Esto quiere decir que ustedes valoran [a] los seres humanos por lo que estudian, pero también por lo que han vivido.


[…] De los 53 millones de trabajadores domésticos en el mundo, casi un millón están en Colombia, y de estos el 95 % somos mujeres, que representamos el 13 % del total de las mujeres empleadas en el país; el Trabajo doméstico es la mayor fuente de empleo urbano femenino.


Las empleadas domésticas en Colombia vivimos en los cordones de pobreza, muchas hemos sido víctimas del conflicto armado, la mayoría de empleadas desconocen sus derechos y el ámbito privado en el que desarrolla esta labor suele propiciar estas situaciones; lo anterior sumado a el imaginario de que este es menos trabajo que otros, propicia también numerosos obstáculos de acceso a la justicia.


Muchos empleadores dicen desconocer la ley, o camuflan su incumplimiento con el pretexto de compensar a las trabajadoras con intangibles como el cariño y el buen trato, o con bienes y servicios supervalorados por ellos como el albergue o la alimentación. Para rematar, es prácticamente nula la inspección que realiza el gobierno a los empleadores.


[…] hace tres año se firmó el Convenio 189 de la OIT, gracias al cual el mundo entero, por primera vez admitió que existía una violación permanente de los derechos laborales de las empleadas domésticas. Y nos alegró muchísimo porque como ustedes saben la OIT está conformada por gobiernos, empleadores y empleados. […]


[…] el Convenio 189 ha servido para que las empleadas conozcamos nuestros derechos y hayamos podido empezar a hablar con los empleadores como trabajadoras, no como personas cercanas a ellos, o como supuestas amigas. Ahora sabemos que no tenemos por qué pedir la caridad de los empleadores, en algunas partes les decimos patrones, y aunque, por ejemplo les agradecemos mucho la ropa de segunda que nos regalan, sabemos que esta no es negociable con nuestro salario. Ni tenemos porqué meternos más en su vida privada, ya estamos suficientemente metidas como para querer tener que ser amigas de nuestros empleadores; ni siquiera anhelamos que se nos considere parte de la familia de los empleadores, porque nosotras ya tenemos una familia, y aunque nos encariñamos mucho, por ejemplo con los niños que cuidamos, sabemos que tarde o temprano nos iremos, los dejaremos de ver, o ellos se convertirán en nuestros jefes, y la cosa va a cambiar radicalmente. Nosotras hemos empezado a hablar de derechos. De los derechos que se estudian en estas universidades. Hablamos de derechos, que es la gran diferencia con los caminos violentos y los caminos informales.


Nosotras ni siquiera hablamos de derechos especiales, hablamos de que se nos igualen los derechos a los mínimos derechos que tienen los trabajadores del mundo y que tienen que ser garantizados por los gobiernos. Algunas personas y periodistas nos han preguntado si esto no irá en nuestra contra porque no vamos a encontrar empleo ya que nos hemos vuelto “muy costosas”. Nosotras creemos que no se trata de retroceder muchos años y renegociar los derechos mínimos de los trabajadores, además, esto no estaría en nuestras manos; también decimos que no es posible que nosotras renunciemos a estos mínimos para permitir que otros, con más ingresos que nosotras (los empleadores) puedan hacer sus vidas; y tercero, creemos que todos podemos ganar con esto, porque podemos empoderar más a los miembros de las familias para que no dependan tanto de las mujeres: bien sea dependencia de la mamá, o la abuela, o la empleada, que les tiende la cama y les hace todo.


Para las mujeres y desde una perspectiva ética, con enfoque de género y de derechos humanos, el problema de la PAZ ha sido objeto de reflexión constante, pues las mujeres son las primeras víctimas de los conflictos y por ello el feminismo tiene una concepción global de la paz.


Las mujeres que hoy integran el proceso organizativo y sindical de mujeres trabajadoras domésticas afrodescendientes UTRASD son la radiografía de la sociedad colombiana marcada por la desigualdad, la inequidad, la injusticia social, la indiferencia incluso frente a la forma como a nosotras en particular nos ha afectado la guerra y el conflicto en nuestras vidas y en nuestros cuerpos.


Somos nosotras, las trabajadoras de lo doméstico, de aquello que por siglos se ha invisibilizado y que hoy se enmarca en la denominada Economía del Cuidado, las que nacemos con una historia marcada por el desarraigo, la pérdida no sólo de nuestras tierras y nuestros territorios, sino también la de nuestros seres amados.


Somos nosotras las que hemos visto correr la sangre de aquellos que sin razón han sido asesinados. Somos nosotras las testigos directas del despojo y también de la ausencia de un estado que aún no admite que los territorios afro sean dueños de sus propios “kilombos”, o sea encuentros comunitarios afro.


Somos nosotras, las trabajadoras de lo doméstico, las trabajadoras del cuidado y de los cuidados, las trabajadoras negras, las sobrevivientes de la esclavitud doméstica, las que vivimos muchos horrores de la guerra: violaciones sistemáticas, embarazos y abortos forzados; nosotras hemos visto las masacres, las desapariciones, y hemos padecido las amenazas, el hostigamiento, las vacunas, las extorsiones, el reclutamiento de nuestros hijos, hijas y parejas, por parte de los actores armados legales e ilegales.


Somos también las que llegamos, luego, a las grandes ciudades (como Medellín) a engrosar las grandes filas de trabajadoras sin prestaciones, los enormes conglomerados de trabajadoras que trabajan por días en las casas de familia, trabajo que a su vez es visto como de segunda categoría y de igual manera mal pagado.


Pero también somos mujeres trabajadoras las que integramos hoy procesos en los cuales se re-construye el tejido social; somos las trabajadoras de lo doméstico las que en nuestras apuestas individuales y colectivas hemos optado por un camino, por una ruta en la que sean posibles nuestros sueños de un país libre de guerras, miedos y violencias.


Somos nosotras las que hemos determinado, en lugar de procesos destructivos y violentos, estar en un sindicato que es un colectivo de mujeres que le apuestan a que el dialogo, la no violencia y el pacifismo, sean las herramientas para dar inicio a la construcción de un país en paz.


Somos nosotras, las que de manera organizada a través de UTRASD, institución democrática, convertimos a mujeres pasivas, apolíticas y quejumbrosas, en mujeres pactantes, mujeres defensoras de derechos, mujeres apostándole al desarrollo social, económico y político.


Somos nosotras las que les mostramos a los hijos, sobrinos y nietos, y a nuestras parejas, que son posibles caminos pacíficos y democráticos para la reivindicación de derechos.


Y somos nosotras las que arriesgamos incluso la vidas para seguir apostándole a la reconfiguración de la patria por la matria. […]


*Para ver el discurso completo a partir del minuto 58: https://www.youtube.com/watch?v=kSqt6NrvmfQ&feature=youtu.be

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