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UNA MUJER DE ADMIRAR

Me atreví a pedirle a una amiga que escribiera esta entrada porque a diferencia mía ella sí es mamá. Lo que más me impresionó es que sin importar la orilla en la que una mujer se encuentre, la presión social es tan fuerte que siempre sus decisiones van a ser juzgadas. En el mundo en el que vivimos parece que nada fuera suficiente. Que lindo sería que realmente cada cual decidiera lo que quiere ser o hacer y que los demás respetáramos esta decisión. Les dejo la entrada:

Y bueno aquí estoy, escribiendo para el blog de una amiga que admiro profundamente, una de esas que desde que tengo uso de razón sé que vino a este mundo a dejar huella. Nunca pensé que fuera a escribir. Es más, no me considero muy amiga de las palabras. Pero en vista de que ella me impulsó, decidí hacerlo, sobretodo porque es un tema que me afecta todos los días.

Todo empezó cuando me crucé con algo que escribió una mamá que no conozco pero que tenía en su discurso algo que pienso y que me afecta a diario. Palabras más palabras menos, esta mamá hablaba con indignación de porqué la sociedad cuestionaba tanto a las mamás, que como ella, dejaron el trabajo para dedicarse de lleno a su hogar y a sus hijos. Por fin pude ponerle nombre y apellido a lo que yo sentía. Porque así nos ve la sociedad: mujeres locas, mujeres sin sentido común que dejan su carrera, su trabajo, sus ingresos, su papel en el mundo laboral por irse de “ama de casa”.

Solía ser independiente, estaba todo el tiempo ocupada, produciendo y vendiendo mis productos, me sentía libre y muy orgullosa de hacerlo, estaba siempre buscando qué cosas nuevas sacar al mercado y sitios dónde comercializarlas. Mientras mi esposo salía a trabajar como empleado, yo salía con emoción a seguir trabajando para hacer realidad una parte de mis sueños. Tengo siempre muy presente que la felicidad está en vivir tranquilo y rodeado de los que amas, y yo realmente estaba feliz con mi matrimonio y feliz con mi trabajo.

Por cosas de la vida me fui de mi país. Dejé atrás mi empresa y con ella, parte de mis sueños. Pero otro de los grandes sueños que tenía estaba a la vuelta de la esquina. Poco después de partir, adaptándome a mi nuevo entorno, buscando casa, comprando muebles y firmando contratos, me empecé a sentir enferma, cansada y sin aliento. Después de una ida a ugencias por un supuesto virus que me estaba torturando, supe que lo que estaba detrás de todo era la mejor noticia de mi vida: iba a ser mamá.

"¿Ser mamá?" Eso es grande. Cuando me di cuenta de lo grande que era me empecé a cuestionar muchísimo. Y ahora ¿qué voy a hacer con mi empresa? ¡No voy a a tener tiempo para hacer las dos cosas a la vez! ¿Voy a tener que ser ama de casa? ¿Ama de casa, yo? Pero si yo soy empresaria, independiente, profesional. Las preguntas no paraban de atacar mi cabeza. A veces quería apagarlas pero con el pasar de los días me fui dando cuenta que no era tan grave, que estaba en una etapa nueva, que lo que se venía era grande y que lo mejor era tener el tiempo y la disponibilidad para dar lo mejor de mí, igual a como lo hacía antes, pero ahora en otra empresa.

Ser ama de casa, esposa y mamá, son lo mejor que me ha pasado en la vida. Ahora me dedico a la casa, a hacer mercado, pagar las facturas, cocinar, darle instrucciones a la empleada y cuidar a mi hija. Ver cómo crece y sus avances es algo que no tiene precio. Me siento completamente afortunada y orgullosa de la mamá y señora en la que me he convertido.

Aún así no dejo de tener mis ratos de angustia y desesperación. Pienso en aquellas mamás que están afuera trabajando, que son económicamente independientes y que son vistas por la sociedad como unas “duras” que logran desempeñar los dos papeles al mismo tiempo. Las vemos en televisión: mujeres ejecutivas, políticas, líderes, académicas, empresarias, gerentes, mujeres que se han ganado un papel esencial en la sociedad por su importantísimo trabajo y que además de todo son mamás. Me gustaría estar también en esas.

Me siento presionada porque no encajo en ese molde, porque no estoy en el mundo laboral y porque mi única ocupación es mi hogar, porque no tengo ingresos propios y porque para muchos soy una mantenida. Lo mas triste de todo esto es que no hay nadie que me lo diga de frente, nadie que me lo saque en cara: Soy yo misma quien más me presiono queriendo ser una mujer que da ejemplo, una mujer de admirar.

Luego me trato de calmar: ¿Quién dijo que ser ama de casa era malo?¿Quién dijo que tenía que ser económicamente independiente para ser feliz? ¿Quién dijo que por no encajar en el molde de la mujer profesional no era una mujer de admirar? Admiro profundamente a las mujeres que toman sus decisiones sin importar la presión social, sea cual sea esa decisión.

Yo agradezco haber tenido la posibilidad de escoger, porque sé que muchas mujeres no se pueden dar ese lujo, y he entendido que la felicidad está en la pequeñas cosas: mi felicidad está en poderme arrunchar con mi hija y hacer la siesta, en hacer una lasagna para mi esposo, en saber que soy el motor de la empresa más importante de mi vida: mi familia.

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