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NO SOPORTO AL QUE NO PIENSA COMO YO


Me siento al frente de la persona que conversa conmigo. Veo cómo las palabras salen lentamente de su boca, formando sonidos que me activan una chispa interna. No me gusta lo que oigo, no me gusta como piensa. Dejo de pensar en los argumentos para contradecir lo que esa persona dice, mientras me invade una ira profunda por las respuestas que salen de su boca. En muchas ocasiones sé que esa persona es inteligente, amorosa y tierna. Sin embargo, eso no impide que sienta unas ganas infinitas de descabezarla; de lavarle el cerebro con jabón y cambiar las palabras que salen intermitentes. ¿Por qué piensa como piensa? Pero, más allá de eso ¿Por qué me da tanta rabia que no piense como yo pienso?

Tengo un deseo latente de controlar a quienes me rodean. Me encantaría que pensaran y actuaran como yo. Pese a que sé que yo soy la que pienso diferente, no me acostumbro a esas ideas que me parecen tan absurdas, anacrónicas, a esa "falta de auto-conocimiento", de "auto-reflexión". Me cuesta infinitamente entender las posiciones contrarias a las mías. Cuando las oigo muchas veces las categorizo como absurdas, poco inteligentes, ridículas y luego las desecho.

Tal vez es simple y llana superioridad moral. Sentir que yo sé cómo hay que vivir la vida y que los demás no ven lo que yo ya veo. Increíble que después de haber oído a tanta gente en tantos países, de haber comprendido experiencias diversas, de haber trabajado con comunidades opuestas al círculo social en el que crecí, y de mi lucha por la igualdad y la humanización, me cueste tanto rescatar la humanidad de un interlocutor con el que no estoy de acuerdo.

Tal vez es en el fondo no es más que una inseguridad profunda, un miedo a no tener la razón, a estar equivocada. ¿Qué tal que no me las sepa todas? Y ahí empieza una competencia infinita por “ganar” la discusión. Se trata de un debate a muerte en el cual cada uno trata de encubrir su inseguridad con argumentos, pero en el que no hay espacio para de verdad oír y reflexionar sobre lo que el otro tiene que decir.

No sé si esto me pasa a mi solamente. Pareciera que no. Estamos ante debates de sordos: Trumpistas vs. anti-Trumpistas, Uribistas vs. Anti-Uribistas, los del "sí" y los del "no". Nos sentamos frente a la pantalla del computador y nos encontramos con muros de Facebook que se llenan solo de las noticias que queremos ver. Dejamos de seguir al que nos pone incómodos, al que nos contradice, al que tiene una opinión diferente. Yo lo he hecho en muchas ocasiones, algunas por ahorrarme el disgusto, otras por pereza de tratar de entender lo que el otro me quiere decir. Nos cuesta preguntarnos qué es eso que nos pone tan incómodos, cómo conversar con el que se opone a lo que pensamos, y simplemente preferimos sacarlo de nuestro diálogo.

Cada uno cree en su propia verdad, y unos más que otros ven esa verdad como absoluta. Muchos nos paramos en el pedestal de lo que creemos que es correcto y juzgamos lo que hacen los demás desde ahí: hacemos lo que en inglés se llama “self-righteousness” y de paso evitamos mirarnos por dentro. Nosotros tenemos la razón, los que no comparten nuestra visión están equivocados, y no hay poder humano que nos haga reflexionar.

En medio de la polarización que no para, me pregunto qué hacer para dejar de sentirnos superiores moralmente, inseguros de "perder", y asumir que nuestra visión del mundo debe ser la de todos los que nos rodean. ¿Cómo hacer para abrir nuestra mente a lo que el otro tiene que decir y reajustar nuestras creencias cuando sea posible? ¿Cómo iniciar un diálogo real en el que podamos aprender y no solo ganar?

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