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  • VALENTINA MONTOYA ROBLEDO

“ELLA ES COMO DE LA FAMILIA”*

Hoy les quiero hablar de las implicaciones de considerar a las trabajadoras domésticas como de la familia; y especialmente analizar la palabra como de esta afirmación. Precisamente porque las trabajadoras domésticas resultan en un limbo entre ser de la familia, en la medida en que comparten la intimidad de nuestros hogares; y de no serlo, porque ellas mismas tienen vida propia y una familia de la que sí hacen parte.

En Roma hay una serie de escenas que nos revelan este limbo en el que la palabra como es la caracterización problemática. Yo me voy a concentrar en una:

Cleo aparece viendo televisión con la familia para la que trabaja. No se sienta en el sillón como el resto sino al lado. En el piso. No en igualdad de condiciones. A diferencia de la familia, uno de los miembros le pide a Cleo que traiga algo de tomar en la mitad del programa de televisión. No lo hace con nadie más, solo con ella que es la trabajadora. A pesar de la hora de la noche, ella sigue siendo una persona que presta un servicio aunque comparte con los miembros de la familia el tiempo que se reúnen a recrearse con la televisión.

En mi investigación doctoral, en la que he entrevistado tanto a trabajadoras domésticas como a empleadores en Bogotá y Medellín, les he preguntado qué opinan de la frase “ella es como de la familia”. Las respuestas varían.

Para las trabajadoras sindicalizadas, más conscientes de sus derechos laborales, la frase “como de la familia” se usa para que los empleadores enmascaren en sentimientos el hecho de no pagarles sus prestaciones sociales y su salario completo, como es debido. Muchas que exigen sus derechos laborales se han encontrado con empleadores que les responden que no deberían reclamar más porque ya les habían regalado la ropa que la señora no quería usar, o el colchón de la cama del niño que creció. Como quien dice: “No me exija la prima de servicios que yo ya le regalé lo que sobraba en esta casa”.

Para las no sindicalizadas, por el contrario, la frase resulta una muestra de amor y confianza que muchas valoran por el afecto que crean con las personas y especialmente con los niños para los que trabajan. Sin embargo, muchas se cuestionan diciendo: “Pero no entiendo porqué, si soy de la familia, no me dan carne o me hacen servir mi almuerzo en platos diferentes a los que ellos usan”.

Para los empleadores de más edad, la frase es obvia. Cuentan historias de la trabajadora interna a la que contrataron desde joven, algunas incluso desde niña, y con la que compartieron toda la vida. Muchos afirman: “Es que nosotros nos criamos con ellas, casi como hermanos”. De nuevo aparece el casi que se parece mucho al como y que no las adentra del todo en su familia. Precisamente porque NO son de la familia.

Para los empleadores más jóvenes, con trabajadoras por días la cosa ha cambiado. Ya no las consideran “como de la familia” sino que se acercan mucho más a quienes les prestan un servicio. Muchos ni las ven porque salen a trabajar, y simplemente les dejan el dinero en la mesa de la cocina, y se comunican con ellas por whatsapp para dirigirles su trabajo. La intimidad aquí es menor a lo que solía ser.

Finalmente, en términos legales, la frase “mi empleada es como de la familia” enmascara una desprotección fuerte. Por una parte, como ha aparecido en una encuesta a más de 400 empleadores en Bogotá y Medellín que he venido haciendo junto a otros investigadores, muchos empleadores no les pagan el salario completo ni las prestaciones sociales. Varios consideran por ejemplo que el salario se puede negociar, o que si la empleada no quiere entonces no la tiene que afiliar a salud. Para los empleadores, pareciera que al considerarlas como de la familia, las trabajadoras domésticas no son un trabajador común y corriente con todos los derechos laborales.

Por otra parte, el derecho de familia tampoco las protege en las familias de sus empleadores. ¿O acaso han visto ustedes que las trabajadoras domésticas tengan derecho a la custodia de los hijos de sus empleadores pese a haberlos cuidado desde bebés? o ¿a la herencia del empleador muerto?

En otras palabras, más allá del respeto que debe existir, y de las relaciones de afecto que pueden darse entre personas que comparten, las trabajadoras domésticas merecen el reconocimiento de sus derechos laborales que no puede seguirse tapando con el tan nombrado “como de la familia”.

*NOTA: Esta intervención fue presentada en el Panel: "Ella es como de la familia": Romaton y el trabajo doméstico en Latinoamérica, MIT, marzo 7 de 2019.

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